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09 junio 2010

¿DÓNDE ESTÁ DON DIEGO?


Por el Profr. y Lic. MIGUEL TREVIÑO RÁBAGO

(cuento político)

LOS HOMBRES llegaron por la noche al Rancho del ex-presidente. Iban en elegantes camionetas y resguardados por hombres armados. Habían sido invitados para discutir un asunto cuya urgencia ameritaba su presencia en la casa del hombre que pretendía imponer su candidato en las próximas elecciones presidenciales. La guerra estaba declarada y era feroz. El ex-presidente estaba decidido a imponerse por encima del gobernante en turno que ya no le contestaba ni el teléfono, cuando lo buscaba para solicitarle un favor.

SILENCIOSAMENTE los hombres del ex-presidente fueron entrando en la sala principal donde eran recibidos con un fuerte apretón de manos y un abrazo por parte del hombre de gran estatura. A su lado, como siempre, estaba su infatigable esposa que a pesar de ser tan chaparrita, desbordaba gigantescas ambiciones por el Poder. Eran la pareja dispareja pero políticamente muy activos había decidido adelantarse en la sucesión presidencial organizando prácticamente un "complot". No podían aceptar el quedarse "fuera de la jugada".

AL ENTRAR el hombre que vestía siempre de ranchero, los llamaba por su nombre en forma entusiasta: ¿Cómo estás Manuel? ¡Bienvenido Santiago! ¿Qué pasó contigo Fernando? ¡Mi amigazo Diego que bueno tenerte en casa! ¡Señor Obispo es un honor tenerlo aquí! ¿Cómo está el Cardenal? y así fueron llegando los trece invitados que habían sido seleccionados cuidadadosmente, luego de considerar su influencia política y sobre todo su lealtad al ex-presidente. Todo era jolgorio, risas y bromas acerca de su apariencia o sus últimas actuaciones políticas. Las burlas entre ellos no podían faltar, pero siempre guardando las distancias.

EL ANFITRIÓN los invitó a pasar a su estudio donde podrían instalarse cómodamente para dialogar. Conforme fueron pasando les fue ofrecida una copa de su bebida predilecta que sostenían en charolas, dos asistentes a la entrada del espacioso salón que servía al ex-presidente para de vez en cuando leer un periódico con sus botas sobre el escritorio. Así eran sus costumbres rancheras. Había allí cientos de libros que jamás serían abiertos por nadie de la casa. Invitando a todos a tomar asiento donde fuera su gusto, el grupo se instaló no sin antes brindar por el éxito de los planes que estaban por discutirse esa noche.

EL EX-PRESIDENTE agradeció la presencia de "sus amigos más leales" y sin rodeos les planteó el asunto que les congregaba: Mis amigos -dijo- tenemos que ponernos de acuerdo para impulsar al compañero de nuestro grupo, que merece ser el próximo Presidente de la República. Ya he intentado hacerle la propuesta al "Chaparro" pero el cabroncito -ya saben- ha llegado al extremo de no hacerle caso a nadie. Me comentan que todos los días agarra su botella y termina ahogado gritando e insultando a todos los que según él, lo han traicionado. Lo peor, es que él se cree con derecho de imponer al próximo Presidente sin reconocer que ya desgració al Partido y al país. Vean el desmadre que hay a nivel nacional. Así que, o le ponemos un "gallo" nuestro o nos lleva la china hilaria....Con éste hasta fraude hicimos y miren con lo que nos salió.....

A PARTIR de ese momento, todos los asistentes parecieron animarse y empezaron uno por uno a expresar sus opiniones. Manuel se quejó de que estaba a punto de ser expulsado del partido por expresar opiniones contrarias y hasta expediente le habían abierto; Santiago manifestó que él seguía aspirando a la presidencia, pero que entre el "chaparro" y las televisoras no perdían oportunidad de golpearlo, al grado de destrozarle hasta su vida familiar; Fernando señaló que él ya había renunciado al Partido porque era una verguenza que el titular del Gobierno un día se comprometía en algo, y al siguiente se rajaba, por su falta de palabra y de hombría; El Obispo presente, un multimillonario cínico, casi a gritos dijo que la Jerarquía estaba indignada por tanto libertinaje propiciado desde el gobierno que no se decidía a modificar a fondo las leyes que estana "corrompiendo" a la sociedad mexicana....

DIEGO EL JEFE, con ese aire aristocrático que lo caracterizaba, le dió una chupada a su habano de la mejor calidad, se puso de pie y recorriendo con la mirada a todos, dijo en tono grave: Señores, respetable Señora, creo que nuestro señor Presidente ha cometido el más grave de los pecados. Y ese es la Soberbia. Se ha olvidado todo lo que hicimos, legal e ilegalmente, para sentarlo en esa Silla Presidencial. Está hinchado de soberbia y prepotencia y es hora de darle una lección. Lo que está haciendo es entregar la próxima presidencia a los del partido tricolor y eso no se lo podemos permitir. O una de dos: O entiende por las buenas y nos toma en cuenta, o por la malas le declaramos la guerra y nos apoderamos del Partido. Ya de allí saldrá el candidato que nosotros sabemos es el mejor. No hay vuelta de hoja, aquí a ser cabrones, nadie nos gana, dicho todo esto, con todo respeto, para la dama presente.

EL EX-PRESIDENTE sonrió satisfecho. Su esposa más discreta aprobó con un movimiento de cabeza lo dicho por Don Diego que era un hombre con reputación de duro y bueno para el golpeteo político. Los asistentes apuraron el trago a sus copas, y alguno hasta hizo el intento de aplaudir, pero se contuvo. No era el momento. Sin embargo, Diego el Jefe, no había terminado. Tomó airé y pidió atención: Señores, estamos a tiempo; aquí ni el señor que está en el Palacio Nacional ni nadie es dueño del país. En este barco vamos todos y todos tenemos el derecho de ser escuchados. Es una verdadera majadería que ni siquiera a nuestro ex-presidente le tome una llamada éste mentecato que nos ha llevado a una "guerra" sin estrategia y por la cuál nos hemos desprestigiado nacional e internacionalmente. Es la hora de ponerle un hasta aquí a éste señor Presidente. Y terminó diciendo: Si le quieren llamar complot, que lo llamen, pero esto no puede continuar así. Así como paramos en seco a López Obrador, así vamos a parar en seco a los tricolores que se mueren por meter al señor ese del copetito ridículo en la residencia oficial.

NO LEJOS de allí, en una cabañita estratégicamente construída, tres técnicos en comunicaciones escuchaban la conversación de los congregados. Su asombro era total y rápidamente comunicaron a sus superiores, la naturaleza de la reunión y la calidad del material que habían recopilado. El asunto era de de máxima seguridad y debería ser entregado al Presidente en turno para su conocimiento y toma de decisiones. Cuando la reunión en el rancho cercano finalizó, los "espías" tenían dos horas de conversaciones y propuestas. Lo peor, tenían los nombres de los presentes y ausentes que compartían sus proyectos en el corto plazo. El material era explosivo y muy delicado.

SIN EMBARGO a la mañana siguiente, el mandatario "crudo" y medio aturdido escuchó la insólita grabación. Después de todo para eso se había montado un sistema nacional de espionaje político con el pretexto de combatir a la delincuencia organizada. Sin embargo, al escuchar las conversaciones en el rancho del ex-presidente, no pareció inmutarse y dió una orden sorprendente a uno de los oficiales que lo acompañaban en su desayuno: "Entréguele una copia de este material al Gobernador del copetito ridículo que allí mencionan. El ya sabrá que hacer y que medidas tomar". El oficial se quedó helado al escuchar eso y sólo acertó a decir: Sí señor.

UNA SEMANA después la camioneta del señor Diego apareció abandonada en un camino de terracería que lleva a su mansión-rancho. La prensa informó que había rastros de sangre, pero no aparecía el cuerpo de Don Diego, el mismo que se había expresado fuerte contra el regreso de los tricolores al Palacio de la República y particularmente a la imposición del hombre del copetito ridículo. Es fecha que nadie sabe dónde está el señor Diego. Pero lo más extraño es que todos los asistentes a la reunión, recibieron un pequeño sobre con una tarjeta dentro que decía: "Para que aprendan a respetar".

CUALQUIER comentario, relacionado con ésta columna, le agradecemos hacerlo llegar a nuestros correos electrónicos:

trabago49@hotmail.com
elobservadorpolitico@hotmail.com

Cd. Reynosa, Tamaulipas; Mayo 19 de 2010.

12 marzo 2010

ENCUENTROS II

PRESENTAMOS NUEVA COLABORACIÓN LITERARIA DEL BRILLANTE JOVEN Y ESCRITOR, A. SANTIAGO PARRA GUTIÉRREZ

Llegas a la esquina, un par de humanos aprovechan el silencio y la oscuridad de la noche para refugiar sus labios entre sí, pasas apresurada y un foco amarillento rodeado de polillas está encendido al exterior de tu casa, afortunadamente todavía me esperan, te dices.

¡Toc! ¡toc!

-Alguien toca a la puerta, abre por favor- dice tu mamá, tú escuchas desde afuera, -debe ser ella, estas horas ya no son para andar fuera, sabe que debe llegar temprano- replica tu padre, -anda abre- dice por fin ella.

¿Y estas horas de llegar muchacha?

-Lo siento, pero el camión se detuvo unos instantes por que cayó en un bache y el chofer tuvo que bajarse a revisar la llanta, por eso me tarde, no estés pensando otras cosas por favor-

-Ya sabes hija, uno se preocupa por ti-

No tienes por qué papá ya soy grande yo me sé cuidar sola ¡eh! Mamá, necesito platicar contigo.

Y por qué conmigo no, ¿acaso no confías en tu padre?

Claro que sí papá- y le das un beso en la mejilla -esta bien, te preguntaré a ti, ¿crees en los fantasmas?

¡por dios niña! con lo que sales, -¿ves? por eso no quería decirte nada.

La charla entre ambos concluye y acudes a tu mamá, -no has respondido, sí escuchaste no te hagas- afirmas, -qué te diré hija, a mí nunca me ha sucedido algo fuera del otro mundo, nunca se me ha aparecido nada, pero, ¿porqué la pregunta?

Algo en ti no quiere revelar la razón, porque aquel suceso inmediato te cautivó de alguna manera, -solo preguntaba, porque hoy estuvimos platicando de eso. Me voy a dormir ya, tengo sueño, que pasen buenas noches- dices, -buenas noches- te contestan -recuerda que mañana es día de ir con la abuela- te recuerdan y asientas con un beso al aire.

Son las once horas y quince minutos, tus párpados son dos inmensas cortinas de acero que nada las detiene al cerrarse, te quedas pensando en el acontecimiento sucedido en el camión, piensas y vuelves a reproducir mentalmente todo el hecho y a fin de cuentas, vencida por el sopor titánico del sueño caes tiernamente en un letargo meloso y placentero.

Amanece, bajas, al parecer tus padres ya se han ido y te has quedado sola, que raro, siempre me hablan, te dices, desayunas, recuerdas que debes ir con tu amiga por que el día de ayer habían quedado de hacer una tarea, tomas tus libros, las llaves, cierras las puertas y te vas. El sol de la mañana termina por quitarte el sueño y ahora tus párpados son un par de trozos de velo de seda ingrávida que se abren fácilmente, te diriges a la esquina de tu casa, las golondrinas nublan el cielo, se escucha el trinar de las aves y los fotones de la luz del sol te tocan sin sentirlo cálido, como el de las doce del día, llegas y bajo la sombra de un árbol, frente a la calle, obervas a un sujeto escribiendo con lágrimas en sus ojos, a su lado un par de camellos de circo tomando agua en polvo y un par de gitanos hablando Caló:
-"Lachón chibeses" (Buenos días)
-Chamuya ostre or caló? (¿Habla usted el caló?)
Unga, yes flime (Sí, un poco...)

Se aproxima aquella bestia de metal añeja y oxidada por el inevitable paso del tiempo, acudes de inmediato a la puerta y subes, pagas y tú te sientas en el mismo lugar de siempre, esta escena indudablemente te recuerda a la del día anterior, giras hacia atrás y ves una parvada de adolescentes explotanto en risa ante cualquier percance que se presente, hoy no miras aquel rostro familiar, aquella mirada magnética, aquellos ojos místicos que observaban la plateada luna. Absorta miras el paisaje de asfalto anexo al camino que conduce hacia la casa de tu amiga sin darte cuenta que en el asiento contiguo al tuyo se ha aproximado alguien:
-Disculpa, ¿esta ocupado?- te interrumpe y te extrae de tu mente en blanco -no, puede sentarse- contestas sin voltear -gracias- replica aquel joven que no pasaba de los veinticinco años;

-¿Cuál es tu nombre?-tú no contestas y pasas desapercibido aquel intento de socialización de su parte.
Mi nombre es... Disculpa, no quiero ser mal educada, pero no suelo platicar con personas extrañas- te afianzas a que termine su frase, mirando embelecida los árboles de la avenida.

Perdón mi intención no era molestarte- se aleja silenciosamente, ya no percibes su presencia, giras hacia atrás para ver su figura y nada, un vacío universal ocupa tu pecho, porque aquella voz te hizo sentir segura después de haberla escuchado, giras tu cabeza hacia la derecha y ahora él te mirá desde abajo y te sonríe, aquel mismo que habías visto el día anterior.

Son las doce horas con cero minutos, abres tus ojos de golpe ante tan peculiar escena, un hilillo de agua surca tu frente y tu respiración está agitada, cinco minutos después has vuelto a dormir.

12 diciembre 2009

ENCUENTROS

MEJORANDO A PASOS AGIGANTADOS EN EL ARTE DE ESCRIBIR, EL JOVEN Y TALENTOSO ACAPONETENSE ALFONSO SANTIAGO, A QUIEN LE AUGURAMOS UN FUTURO PROMETEDOR, NOS MUESTRA QUE ES TAN BUENO EN LA NARRATIVA COMO EN LA POESÍA. ENHORABUENA.


Sales de aquella casa, tienes que apurarte por que el autobús no volverá a pasar hasta las ocho de la noche, recién habías terminado con tu novio y necesitabas platicar con tu amiga a la que confiesas todo, así el tiempo de charla se prolongó y la albura de la luna ahora brilla en su máximo esplendor; caminas apresurada por las calles empedradas, allá a lo lejos alcanzas a escuchar los perros ladrando, unos gatos en época de celo, alcanzas a percibir el sonido levísimo que provocan tus tenis converse a cada paso que das; llegas a la esquina de la cuadra y doblas a la derecha, vertiginosamente caminas abrazándote el cuerpo con las manos. Ya has llegado por fin a la parada del autobús, un sutil viento silencioso mueve tus cabellos negros como la noche, en ella se confunde tu cabellera, miras tu reloj y dices: ¡dios! espero que no haya pasado ya; el mismo viento eriza tu vello corporal, miras tu reloj, te desesperas por que la maldita cafetera no viene y empiezas a pensar: a lo mejor ya pasó, o quizá se retrasó; comienzas con las conjeturas sin que hasta el momento hayas podido confirmar alguna, vuelves a mirar tu reloj por tercera vez, siete treinta, justo la hora en que debe de pasar.
Te olvidas por un momento del tiempo y diriges tus ojos hacia aquel cielo límpido, estrellado y negro, buscas la luna y en su interior aquel conejo místico que duerme en sus entrañas, lo ves, lo aprecias como si nunca en la vida lo hayas visto jamás. ¡Taz! escuchas y tu cuerpo salta involuntariamente, volteas a tu lado izquierdo y por fin, ahí esta el ansiado autobus meciéndose como columpio después de no haber podido bordear tamaño boquete expuesto en la calle, se va acercando con sus pupilas amarillas que ahuyentan la oscuridad, te acercas a la acera, el viento está empezando a ser más frío, antes de que llegué por completo a la esquina tu le haces la seña de que se detenga, aquél ruidajo de hierro provoca en ti despreocupación y tranquilidad, lo abordas con rapidez; -Buenas noches,- dices tú, -Buenas noches señorita, hace frío afuera, ¿verdad?- te pregunta el chofer amablemente, -si ya empezó, lo bueno es que aquí dentro no está tan helado- te da el cambio, -no para nada, parece que tiene calefacción integrada- bromea el conductor -gracias- y pasas a tomar asiento, tu preferido, el primero, aunque sea preferencial siempre te ha gustado sentarte ahí, estiras tus manos heladas, las rozas una con otra para adquirir un poco de calor.
Tu ojos jamás voltearon hacía atrás, el camión se detiene cinco cuadras más adelante, el chofer se para de su asiento, baja, revisa la llanta para verificarla, porque tamaño crater pudo haber desponchado el neumático, de reojo ves a un pasajero que pasa por tu lado y luego lo pierdes de vista. De nuevo arranca el autobús, tu ya quieres estar en tu casa, cenando frijoles con queso y salsa huichol, tu cena favorita, "puro hierro mija' pa' que crezca" te decía tu papá, lo recordabas y sonreías.
Miras tu reloj, las manecillas marcan las ocho quince, tu debes de estar a las nueve en tu casa porque sabes que tu mamá explotará si no llegas a esa hora, "podría castigarme" dices "y quiero salir el domingo, tengo que llegar temprano" Piensas, te resignas a que el camión siga su curso ya sin tomar importancia a la hora de llegada; sientes algo de sueño, sientes los ojos borrosos, sientes como si una basura finísima enturbiara tu vista, tu masajeas con tu índice, te percatas que frente a ti hay un vidrio que te refleja a la perfección, te acercas a él mirándote el globo ocular desnudo, te masajeas otra vez, aquella molestia desaparece; regresas a tomar la posición original, pero hay algo, presientes algo detrás de ti, volteas a tu lado derecho y no hay nadie en el camión, al parecer sólo tu y el chofer, pero no, miras el reflejo del espejo y alcanzas a observar una figura humana al fondo del autobús, te parece familiar su mirada por que al igual que tu hace un momento, a través de aquellas ventanas grisáceas, mira absorto ese cielo tan estrellado y esa luna brillante en la penumbra del universo.
Vuelves tu cabeza, "si que vengo dormida" La inercia de ese reflejo humano te incita a no despegar la vista, el voltea, te observa, tu lo ves también, ambos se contemplan como si existiera un imán poderosísimo entre sus miradas, te sonríe, tu agachas la mirada y te olvidas por un momento de ese suceso efímero. Pero hubo algo en su mirada que te hizo sentir segura, buscas de nuevo en ese vidrio inerte su figura, el no ha vuelto su mirada, se contemplan de nuevo, te sonríe y tu le regresas la sonrisa, sin duda alguna captó tu atención, imaginas que viene hacia a ti, que dice: hola, buenas noches, mi nombre es Alberto, pero solamente se miran a través de ese vidrio, te parece excitante la idea de conocer a alguien nuevo y el no se ve tan mal, te dices a ti misma.
Mueve su vista hacia la luna, ahora tu no quieres mover la tuya, su mirada te hipnotiza, el vuelve a mirar al vidrio, se contemplan de nuevo y las sonrisas vuelven al origen, solo sonrisas enviadas y recibidas; han pasado quince minutos de miradas provocativas y sonrisas, quince minutos que te parecen segundos; se levanta, lo ves, miras tu reloj, te preguntas en tu interior "sucederá lo que pienso" Se va acercando, te rascas la rodilla, solo tres asientos los separan, se acerca, tu no sabes qué hacer, se acerca, sólo dos asientos ahora, qué harás si te pregunta algo, sientes cálido por dentro, un viento de lava baña tu cuerpo, qué harás, giras tu mirada a la derecha para apreciar en su magna expresión aquella figura humana, esa vista magnética que te provoca seguridad, tranquilidad; ya debe de estar ahí, pero solo el silencio, el chofer y tu abordan ese caballo de hierro.
Abres tu ojos, volteas hacia atrás, adelante, nada, nada, "no puede ser, fue tan real" te dices, fue tan real, y un viento heladísimo te eriza, el autobus frena, te levantas, vuelves a mirar hacia atrás, nada, -Gracias- dices tu -que pase buenas noches señorita- te contesta el chofer, caminas hacia tu casa, absorta en esa escena tan palpable, miras hacia el camión por última vez y aquella figura humana que creías haber soñado, a través de aquellos vidrios grisáceos, te sonríe y te observa fijamente.

aspg
www.terralittera.blogspot.com
www.revolucionconletras.com

P.D. Saludos cordiales maestro

Alfonso Santiago

08 octubre 2009

HISTORIAS DE UN MOJADO


Por: Juan Gaspar


Conforme se avanza en el camino, el cargamento de pollos va pasando de mano en mano, siendo tratados realmente como auténticas aves de corral. Plumíferos de exportación Made in Mexico (Y demás países). Dicho trato se acentúa por la gran dificultad para pasar sin papeles al “norte”. De hecho, es imposible cruzar la frontera en los puntos convencionales, debido al muro y puestos de vigilancia y rondines permanentes de patrullas. Hay, por ejemplo, entre los mil aditamentos de equipo y personal de vigilancia, cuatrimotos que andan entre la maleza; se han dispuesto agentes de la Migra al estilo Rambo que se internan por lugares intrincados y peligrosos siguiendo a los grupos de mojados. Se utilizan cámaras infrarrojas, equipos de transmisión, etc. Además, desde la implementación de la "Operación guardián", los aviones y helicópteros se auxilian con las señales de una especie de planeadores o pequeños papalotes, que son lanzados de cuando en cuando provistos de cámaras ultrasensitivas, giratorias, capaces de captar movimientos a miles de millas de distancia. Lo más común es la instalación de una gigantesca línea de alambre con sensores. Placas que están ocultas bajo suelo arenoso y funcionan como alarmas para movilizar de emergencia a las patrullas más cercanas. Entre la maleza hay también pequeños dispositivos electrónicos que hacen funciones de detección y aviso. Para los patrulleros gringos resulta divertido, remunerativo y apasionante, mejor que perseguir venados, cazar ilegales, ya que por determinada cuota de detenciones tienen estímulos extras; pago de bonos, ascensos, premios y condecoraciones, despensa, remuneración especial el día del padre (son amorosos, hogareños y amantes de su familia), medalla de honor y pergamino por ser elemento útil a la madre patria, “güera” que hay que defender, a toda costa, de los impertinentes y mugrosos indocumentados que osan meterse entre su falda (la línea es sólo el holán). Por todos estos motivos las bandas del coyotaje buscan rutas definitivamente intransitadas, lo más agreste e inaccesible del monte. Ahí donde sólo las cabras o las víboras y otras alimañas pueden escurrirse. En esta área, los coyotes acercan en el primer arrastre hasta un centenar de pollos, dejándolos a cosa de cien metros de la línea. En delante todo es andar agazapados, esconderse, esperar para burlar las patrullas, y luego cruzar el límite e internarse, por casi dos días de camino, en aquellos parajes de los que muchos no salen vivos, hasta llegar al lugar del “levantón”, en determinado lugar de la super carretera Free Ocho, sitio que los coyotes eligen estratégicamente, según ande el patrullaje, comunicándose constantemente por celular y movilizando amplia red de contactos que tienen diseminados en gran territorio.En esta travesía Lupita afrontó episodios desagradables, el trato de gente demasiado rústica, hombres maleducados, desaseados, groseros y agresivos. Por su excepcional anatomía de suculenta polla despertaba deseos irrefrenables. Si no ha sido porque doña Chencha pidió cuidado extremo para la muchacha, seguro hubiera caído entre las garras de algún maniático ojisaltón. Con aquel bamboleo de caderas propio de ella, Lupita podía reactivar los deseos incluso de un cadáver.A causa de esta Venus del Monte, (o del Cerro, en que iban), hubo momentos muy tensos en el ánimo de los pollos, mentadas de madre, connatos de bronca. Pero el orden se imponía. La recomendación pesaba. Chencha era influyente gracias a su gran amistad con un sobrino de doña Lucha, la pollera mayor.Se debe remarcar que Lupita siempre tuvo de Chencha, respaldo y ayuda, la conexión, la responsiva por el pago de la pasada, incluyendo el pasaje de avión, gastos de taxi, comidas, etc.Aún con ese espaldarazo, la tepicense sufrió las de Caín en su afán de llegar a la tierra que mana leche, miel y muchos billetes verdes

15 abril 2009

ELIGE BIEN A LA MUJER QUE HABRÁ DE SER TU ESPOSA

NUEVAMENTE LA PLUMA DEL PERIODISTA JUAN FREGOSO, SE UNE A LA PROPUESTA DE PUERTA NORTE, DE BRINDAR UN ESPACIO DE EXPRESIÓN A LOS ACAPONETENSES; AHORA EN UN GÉNERO QUE NO LE CONOCIAMOS: LA NARRATIVA. SEGÚN NOS DICE, BASADO EN UN CASO REAL. GRACIAS AMIGO.


Por: JUAN FREGOSO
Acaponeta, Nayarit/Abril 15.-El hombre estaba cabizbajo, complemente deshecho, sus ojos negros denotaban tristeza, más que enfado, aunque todos sus músculos se notaban tensos como una cuerda de violín a punto de romperse. No se necesitaba ser psicólogo para apreciar su estado de ánimo, estaba deprimido, destrozado, tal vez—en ese momento cruzaban por su mente ideas suicidas—, porque así debía ser la pena que lo atormentaba.
Lo encontré sentado debajo de un viejo árbol, casualmente. Su aspecto me llamó la atención y con pasos temerosos me fui acercando a él. No sé a ciencia por qué, quizá porque algo dentro de mí me decía que necesitaba de alguien que lo escuchara, que lo ayudara, no fuera a ser que cometiera una locura, pensé.
Así, con pasos vacilantes llegué ante él y con voz apagada me atreví a preguntarle; señor, puedo ayudarle en el algo. Disculpe que me entrometa en su vida pero me da la impresión de que le pasa algo, que algún problema lo carcome, quiero ayudarle sinceramente, le dije, temeroso de que me fuera a responder con una grosería o tal vez con golpes, pues finalmente quién era yo para invadir su vida privada, ese recinto sagrado que sólo a uno le pertenece. Afortunadamente el hombre no era agresivo, era más bien noble, pues de otra manera no me hubiese abierto su corazón.
El hombre fue levantando lentamente la cabeza. Me miró de frente y pude advertir que en sus ojos asomaba un líquido cristalino similar al agua; sí, eran lágrimas que se rehusaban a salir de sus órbitas, mejor dicho de su alma atribulada. Puede llorar si quiere, me atreví a decirle, también los hombres tenemos derecho a llorar, nos ayuda lavar el alma…y a descansar de nuestras penurias. ¡Vamos, no se detenga!, le animé. Pero no lo hizo.
Al contrario, el hombre me vio fijamente, como estudiándome centímetro a centímetro. De pronto soltó; no te conozco, nunca te había visto muchacho, pero creo que si estás aquí es porque Dios te mandó hacia mí. Y ya que quieres saber qué es lo que me pasa empezaré por decirte que si me has hallado en esta situación es porque estoy decepcionado de mi esposa. ¿Sabes? cuándo uno busca a su compañera, busca en ella principalmente amor, respeto, comprensión, confianza, solidaridad, abnegación, apoyo en todos los sentidos. Por eso es importante saber elegir con quien habremos de compartir nuestra vida. ¿No lo crees?, asentí, pues lo que decía el hombre era—y siempre será cierto—, no podía decir lo contrario, porque en efecto, todos buscamos una esposa cuando menos comprensiva. Cuánta razón tenía el hombre aquel, susurró la voz de mi conciencia.
Pues resulta, mi amigo, comenzó su doloroso relató, que soy muy desgraciado. Te preguntarás por qué, pues bien, voy a decírtelo. Sucede que mi compañera, esposa, o como quieras llamarle, me robó todos mis ahorros productos de mi trabajo, ahorros que logré reunir con mucho esfuerzo, con mucho sacrificio, y durante muchos años. Y lo que más me duele es que ese dinero lo tenía destinado para ella, para mis hijos, para lo que se pudiera ofrecer. Los tenía en la casa porque confiaba ciegamente en ella, pero ahora comprendo que ni siquiera en mi mujer puedo confiar; me robó sin darse cuenta que al hacerlo se robaba el poco patrimonio de nuestros hijos, ¿no te parece una infamia despojar a tus propios hijos de su patrimonio que con tanto sacrificio lograste reunir para el futuro de tu familia? Lo es, repuso, con un acento apagado. Y agregó; en un momento pensé en meterla a la cárcel, pero me detuve por mis hijos, también pensé en golpearla, pero me detuve por la misma razón, pues mis hijos no tienen la culpa de tener una madre ladrona, que los roba a ellos mismos. También pensé en separarme de ella, pero y mis hijos, cómo juzgarán a su padre…y si les digo que su madre me robó cómo la juzgarán también. Como ves mi situación no es nada fácil, me parece que estoy en una especie de laberinto del cual por más que le busco una salida no se la encuentro.
Te juro, prosiguió, que si hubiese sido otro el ratero no lo hubiera pensado dos veces en retacarlo al bote, pero la cosa cambia cuando el ladrón resulta ser tu propia esposa. Eso es lo que más me cala, lo que más me martiriza, lo que me tiene sumergido en un mar de confusión. No sé qué hacer, reconoció con un dejo de amargura, de veras que no sé que hacer, y estoy seguro que cuando me viste en este estado deprimente pensaste que podía suicidarme, ¿no es así? me increpó. Sí, tiene usted razón, le respondí. Pues debe ser frustrante que mi esposa me robe, se robe ella misma y hasta a mis propios hijos; en verdad tiene usted mucha razón cuando afirma que lo que le pasó es una verdadera infamia, es algo—que a mi juicio—no tiene perdón de Dios—, le expresé como queriendo reanimarlo, a sabiendas de que eso era imposible.
Ya lo ves, muchacho, exclamó, cuanta razón tengo al decirte que uno debe tener mucho cuidado a la hora de elegir a su esposa. Y a guisa de consejo, seguro de lo que decía, me lanzó esta advertencia; no porque veas una cara y un cuerpo bonitos te vayas con la finta, porque detrás de todo eso hay un rostro y unos sentimientos que no podemos ver, al menos hasta cuando nos sucede un caso como el que yo viví. Luego, incorporándose en señal de cansancio, y para que yo entendiera que el diálogo había terminado me dijo en tono paternal; que no te vaya a pasar lo mismo que a mí, búscate una mujer,—si no estás casado—no bella, no te fijes en su físico que al fin y al cabo éste se desvanece con el tiempo, mejor procura una mujer sencilla, con principios, que te respete en todo, que valore tu trabajo, que en vez de que te robe te ayude a salir adelante junto con tus hijos que son lo más valioso en la vida, no lo olvides. El hombre terminó de levantarse del grueso tronco donde estaba sentado y con pasos cansinos—aún siendo joven todavía—se fue perdiendo por las calles de la ciudad, sin rumbo fijo, pero antes alcanzó a balbucir…elige bien a quien habrá de ser tu esposa.