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31 julio 2010

LA VERDADERA MENTALIDAD DEL CAMBIO.


Por: Roberto Enrique Barrón León

El cambio es la única constante en la actualidad. La sociedad se ve atrapada en un ciclo de consumo que impide mantener la misma situación por un tiempo constante, cambian los valores, cambian las personas, cambian los ideales de las generaciones, cambia la comida, los valores nacionales, las sillas, las mesas y los sillones de nuestra casa. Nueva computadora, nuevo aparato de sonido, nueva casa y por lo tanto nuevas amistades.
Actualmente existe una sociedad de inestable en la que el ser humano está inmerso debido a los cambios resultado de globalización y nuestro sistema capitalista orientado al consumo como fin. El individuo se preocupa más por obtener beneficios monetarios a corto plazo y el éxito individual que por cumplir con su compromiso social o el bien interno de su profesión. Dando así mentalidades egoístas que fundamentan el beneficio propio antes que el común, ocasionando corrupción y sistemas públicos disfuncionales.
Tal como señaló Richard Sennett, el individuo se encuentra en una disyuntiva ética en donde los valores personales se contraponen con los valores necesarios en el trabajo. La flexibilidad de los trabajos ha corroído el carácter de la persona impidiendo fomentar valores como el compromiso, la lealtad y la confianza. Se ha generado una despersonalización del trabajo, la sociedad está enajenada por una vida regida por el consumo y una continua competencia.
Y es por ello que la organización del trabajo ha mutado también, para poder satisfacer las necesidades actuales nos hemos visto obligados a recurrir a formas de producción en las que se obtengan mayores beneficios monetarios con los menores costos posibles, implicando la dignidad laboral en la que se encuentran los trabajadores así como la seguridad, justicia, libertad y equidad, dañando así los derechos humanos y laborales.
En un método de trabajo bajo contratos y trabajos de medio tiempo, es común que hoy en día el trabajador no cuente con prestaciones sociales, con acceso a servicios de salud y con un salario justo; esto sumado a horarios de trabajo que pueden ser consideradas como explotación laboral. Estas condiciones son el resultado de la degradación de los valores en la sociedad consumista, buscando generar dinero y ahorrando centavos, que ha derivado de la injusticia, desigualdad y falta de compromiso con el ámbito laboral por parte del gobierno, funcionarios públicos y las empresas.
Estoy seguro que más de uno podrá recordar el sacrificio de nuestros padres y la actitud inquebrantable con que emprendían y continuaban esforzándose por el bien de nosotros, pero ahora eso resulta utópico e imposible, inalcanzable, el triste recuerdo de lo que en algún momento pudimos ser. La construcción ética se degrada, ya no existe un forjamiento del carácter verdadero ni valores que podríamos heredar a nuestros hijos, como exigirles constancia en la escuela cuando no la ven por nuestra parte en el trabajo, como pedirles que mediten un plan de vida cuando ni siquiera nosotros estamos seguros del que estamos siguiendo, como decirle que se aleje de las drogas, la promiscuidad y el camino fácil cuando en la televisión, en las calles y entre las amistades es lo que vende y se promueve. ¿Cómo señalarles un camino correcto cuando nosotros no los seguimos reamente?
En una sociedad hipócrita donde se predica algo distinto a lo que se practica valores como la libertad, estabilidad, igualdad, responsabilidad y solidaridad quedan descartadas. Hoy la precariedad laboral no da una libertad real al individuo ya que la autosuficiencia y autonomía de éste se ve truncada por la necesidad de satisfacer sus necesidades inmediatas, comprados por el dinero hemos vendido nuestros principios, nuestros valores, nuestra moral, nuestras esperanzas y participación social y con ello la autoridad que permite señalar lo correcto de lo que no. Tal como lo hizo nuestro gobierno hace ya varios años.
Esta situación es insostenible, se debe buscar que todas las personas tengan acceso al trabajo decente, permitiéndole recuperar su autonomía. Nos corresponde a todos, sociedad, gobierno y empresas vigilar y promover el trabajo decente y la restauración de valores que permitan reivindicar la mutación ocasionada por la sociedad cegada por el dinero, el estatus público y la capacidad adquisitiva. Para rescatar los verdaderos bienes del ser, tal como la libertad, como los valores la satisfacción y la dignidad. Necesitamos áreas de trabajo en el cual la persona pueda sentirse satisfecha, se encuentre segura, tenga igualdad y un salario justo y digno. Pero para ello es necesario que como sociedad sepamos exigirlos.
Necesitamos entonces como señalaba André Gorz, desmitificar el trabajo, ver el trabajo no como fin para alcanzar bienes, sino como algo que da sentido a sus vidas y nos permita gozar de un tiempo libre de calidad, permitir que el trabajo se convierta en la fuente esencial de la identidad y la realización persona. Entendamos que esto debe de empezar desde la persona, desde el individuo, necesitamos formar a nuestra sociedad no para lograr dinero, sino para lograr mejor calidad de vida respetando los verdaderos funcionamientos éticos mediante la cooperación y cohesión social, que el individuo se responsabilice de sus acciones y pueda ser el propio dueño de su vida fortaleciendo así su autoestima y confianza.
Así podré asegurar que no será necesario vivir en una sociedad de ley marcial donde los problemas se resuelvan por aplicación de la fuerza armada, ni preocuparnos por sancionar a quien atropelle los derechos civiles de los demás, pues en una sociedad donde uno comprende las responsabilidades y como afectan de nuestras acciones en la sociedad que vivimos, es más sencillo proceder de manera correcta. Estamos como estamos por nuestra cultura de mínimo esfuerzo, enajenación y corrupción, pero sin duda alguna más por la apatía y el cinismo con el que podernos señalar el “estamos jodidos pero no se puede cambiar” Se que suena utópico y tristemente soñador, pero me atrevo a señalar que es la única solución para la realidad en la que nos encontramos, y entre más tiempo nos tome aceptar el peso de nuestros actos, más nos costará poder responder por ellos y enderezar el triste camino por el que andamos, ya no para nosotros, sino por los que vienen.

25 julio 2010

EL ESPEJISMO ECONÓMICO NACIONAL


Por: Roberto Enrique Barrón León

Creo no ser el único mexicano que siente un poco de confusión, pero mucho coraje cuando cualquier economista se atreve a señalar que la economía de México se encuentra viento en popa. Y es que no hay declaración más absurda que pueda proclamarse cuando la calidad de vida del pueblo mexicano refleja pobreza, poca prosperidad y mala calidad de vida. Pues aunque el producto interno bruto del país comienza a recuperarse de la crisis mundial, debido sobre todo a exportaciones, los factores como el desempleo y un mercado interno mediocre siguen siendo características constantes en nuestro país.
Y es que es cierto, en México hay dinero y hay para hartarse, nuestro país considerado con solidez económica a nivel mundial, se ubica en el puesto de 15 de entre todos los países si se observa su PIB, según el Instituto Legatum de Londres. ¿Entonces qué sucede? Pues sencillo, México representa un país de enorme contraste económico, la buena economía de la que hablan los economistas allá afuera hace referencia a todo lo que se hace y deshase como país unido. El problema reside en cómo se encuentra distribuido todo éste dinero, en el qué pasa, si separamos por cabezas el dinero que México tiene, entonces nuestra posición se desplaza drásticamente hasta la posición 58.
El comercio de los bienes públicos se realiza mediante la privatización y ahora nadie puede hacer negocio porque no se tiene con qué hacerlo. Y mientras parece que la economía nacional remonta año tras año, el producto interno bruto por cabeza parece reducirse día a día. La moneda mexicana no sólo vale menos que hace algunos años, sino que cada día compra menos, a resultado de la tan común solución del gobierno mexicano, de dar incrementos a los impuestos a los impuestos a bienes nocivos, a la comida chatarra y a los artículos de lujo.
México acaba de ser partícipe del sexto incremento al impuesto a la gasolina y el diesel durante el presente año hace unos días. Y aunque no se indique directamente como un impuesto sobre los demás bienes, nuevamente terminará disparando el costo de la mayoría de artículos y servicios del mercado mexicano como consecuencia.
Este fenómeno representa la característica básica de la mundialización económica y las políticas nacionales de liberalización comercial y financieras, así como el retraimiento del estado. Puede que la globalización haya ayudado a algunos países y haya aumentado su PIB, representando una ilusión de un incremento total de bienes y servicios producidos, pero no ha ayudado en lo más mínimo a la población, ni siquiera en los países beneficiados. Tal como Joseph Stiglitz premio Nobel de economía en 2001 señala, “la globalización está creando países ricos con población pobre”
Los números que señalan el crecimiento económico del país, lejos de indicar la calidad de vida de sus habitantes, ha elevado la nómina de sus supermillonarios. Por si solo, Carlos Slim Helú, el hombre más rico del planeta según la revista Forbes acumula una fortuna de 67.8 mil millones de dólares y otros nueve multimillonarios mexicanos acumulan por si solos 72 mil millones de dólares, representando, ellos diez, el 8.6 por ciento del PIB, pero la mayoría de los habitantes de México aún dependen del salario mínimo que es por poco menor a $60.
México ha sido alcanzado por el efecto de la globalización y como muchos otros países del mundo se ha vuelto un país rico, poblado por pobres. Entonces, cuando un economista le diga que México está bien, enójese y enójese con todo su derecho, pues lo que se atreven a señalar es una versión maquillada de las estadísticas, estadísticas que cualquier economista y funcionario público muestran para reducir la creciente ola de insatisfacción del pueblo mexicano. Es cierto, la economía mexicana crece, pero no es correctamente distribuida, los impuestos crecen y con ellos crecen las dificultades de la población mexicana por conseguir una buena calidad de vida en base a un salario ínfimo.
¿Por qué no entonces los funcionarios públicos y gobierno dejan de preocuparse por cubrir la situación del país con cifras y frases que ya nadie cree y comienza a preocuparse por generar empleo y mejorar la calidad de vida?, ¿Por qué no incentivar el mercado interno en vez de entorpecerlo con aumentos de impuestos?, ¿Por que preocuparse por mostrar ante el mundo un país rico si la población que lo habita es claramente pobre? ¿No será que al momento de repartir el pastel, como a la mayoría la población mexicana al gobierno no le habrá tocado buena tajada?

22 julio 2010

DE NECESIDADES, MIGRANTES, OBLIGACIONES Y SUEÑOS..


Por: Roberto Enrique Barrón León

La frontera con Estados Unidos parece estar ardiendo con más leña últimamente, gracias a la ley recién proclamada en el estado de Arizona la cual autoriza detener a indocumentados, o aquellos que aunque no lo sean levanten sospechas de serlo. Ahora incidentes acontecidos en la frontera, como la muerte de un adolescente a manos de la patrulla fronteriza o los videos difundidos por internet acerca de los abusos de los mismos sobre migrantes como Anastasio Hernández y Sergio Adrián Hernández Güereca, han despertado en la población tanto mexicana como mundial, la necesidad de señalar a éstos hechos aislados para convertirlos en actitud generalizada de rechazo, y mientras las gobierno mexicano decide qué medidas tomar en el asunto me he sentado a meditar en el trasfondo del asunto y buscar cual podría ser la posible solución al problema.
Tal como indicaba Abraham Maslow en su obra: “Una teoría sobre la motivación humana”, el ser humano, antes de buscar la autorrealización, necesita cubrir ciertas características básicas para su subsistencia en términos de seguridad física, empleo, moral, ingresos de recursos, protección de bienes, salud y necesidades fisiológicas. Y aunque el ser humano ya no necesita satisfacer sus necesidades básicas apegándose a las leyes naturales, los sistemas que se ha autoimpuesto le han colocado en situaciones donde conseguir el alimento del día resulta aún más complejo que ir tras la caza del mismo.
Y es que México se ha vuelto ecosistema inhabitable que presenta las situaciones más desfavorables en términos de empleo, carencias económicas, modos de vida precaria, baja producción, bajos niveles de rendimiento educativo aunados a un alto índice de deserción y por si fuera poco es un ámbito inseguro, corrupto e impune.
Con un alto índice de desempleo que incrementa día a día, resulta más sencillo buscar oportunidades en áreas donde el trabajo no esté tan competido, donde no existan depredadores que puedan robarnos con el menor esfuerzo la presa, donde no existan manadas organizadas que puedan disponer de nuestra vida a un simple capricho. Ahora resulta preferible probar suerte y arriesgar la vida exponiéndose a redes de tráfico de personas, abuso sexual, marginación que continuar creyendo en un gobierno que, como diría el maestro Eduardo Gonzales Velázquez, “no desea entender que la fortaleza económica de un país no se debe a la riqueza de unos cuantos, sino al reparto equitativo de oportunidades de desarrollo y crecimiento.”
El inmigrante está desesperado y al igual que cualquier otra especie, emprende en busca de mejores condiciones que las que tiene en su lugar de origen. Mayores oportunidades de trabajo, mejor nivel de vida. El migrante se mueve para dejar su pasado de miseria, buscando vivienda, vestido, alimentación, educación, salud, seguridad, cultura, diversión y respeto a los derechos que no ha encontrado o jamás tuvo en su sitio de origen. No es por capricho, ni por qué resulte la solución más sencilla, es algo más que sentido común o patrones sociales, es resultado de sus propios instintos, un instinto que le señala que si su propio gobierno le ha fallado no existe necesidad para continuar creyendo en lo que al parecer desde hace tiempo es un hábitat preparado para explotarse solo por ciertas castas.
¿Pero realmente se vive mejor del otro lado de la línea? Es una respuesta difícil de formular, pero es una pregunta que todo aquel que se embarca rumbo “al norte” meditará antes de realizar semejante travesía. A primeras el hecho de que EUA represente una de las potencias primermundistas, hace suponer que las oportunidades sociales son mayores que los de países en desarrollo. Lo cual se cumple hasta cierto punto, sin embargo la experiencia laboral y formación educativa siguen siendo factores que delimitan las posibilidades al momento buscar trabajo aun “al otro lado”, si aunamos al hecho de una mala preparación educativa, el ser migrante ilegal, la mayoría de trabajos quedan instantáneamente descartados.
En el mejor de los escenarios, un migrante conseguirá emprender algún negocio, algo difícil de alcanzar al implicar además de constancia, cierta inversión a la cual solo puede recurrir un migrante asentado durante un periodo largo en aquel territorio. Es así que el trabajo de la mayoría de migrantes mexicanos se reduce al sector de campo, la industria de construcción, tareas de limpieza, elaboración de productos cárnicos y la industria gastronómica, los cuales en su mayoría son trabajos desgastantes y de jornadas arduas al igual que en nuestro país. En casos más extremos es posible observar en las ciudades amexicanadas que nuestros paisanos han forjado del otro lado, los típicos tianguis ambulantes, los puestos de churros o el épico carrito de paletas.
Y déjeme aclarar, no es que realizar cualquiera de los trabajos antes señalados sea indigno, ¿Pero por qué emprender tan enorme travesía para cubrir los mismos roles que quizás se pudo cubrir en nuestro país? Considero pues, que el factor crucial del espejismo americano reside en el hecho de cambio de moneda, los trabajos antes mencionados, que pueden considerarse mal pagados por algunos ciudadanos norteamericanos, con un sueldo mensual promedio de 1200 dólares, al compararse con la economía mexicana da la impresión de ser un logro mayor al que se alcanzaría con el mismo esfuerzo en nuestro país.
Estas cantidades, mientras se observe como una remesa resulta un salario algo atractivo, sin embargo al mirarlo con los ojos agringados, son sueldos que apenas rinden para cubrir el ritmo de vida de EUA mientras se pagan cuotas de sacrificio físico muy alto.
La respuesta es sencilla, sin preparación educativa y sin actuar en el marco legal, el sueño americano se traduce en migrar situaciones precarias de un país a otro. Del otro lado se competirá no solo con los semejantes, sino con aquellos que, aun nacidos en gringolandia, comparten la misma suerte que varios migrantes pero que presentan un perfil más preparado.
Sin embargo, dentro del sueño americano se puede encontrar lo que en México parece no encontrarse por ningún lado, un sistema de seguridad eficiente, estabilidad en el modo de vida, servicios de educación de calidad y gratuita hasta el nivel de preparatoria, facilidades para el progreso como préstamos bibliotecarios, económicos y igualdad de oportunidades, quizás no para un migrante, pero si para un nacionalizado o un born citizen, es decir un hijo de inmigrantes nacido por aquellos rumbos. Es posible entonces, que aunque no se encuentren posibilidades para uno, se pueda encontrar un futuro próspero para nuestros descendientes.
Se migra en busca de una mejor calidad de vida, se migra por mejores oportunidades de trabajo o un sistema económico que nos permita sentirnos con posibilidad de crecer, seguridad que nos permita dormir tranquilos, situaciones que nos permitan llevar una vida digna o nos permitan forjar un camino que nuestros hijos puedan seguir y les asegure una mejor calidad de vida de la que nosotros pudimos alcanzar.
Y que me disculpe alguien si le ofendo al afirmar que el problema no reside en las posturas que promueven las naciones vecinas, la xenofobia es un problema donde sea lo admito, y no solo en nuestra frontera norte sino en cualquier parte del mundo, así como las acciones que la frontera ha tomado contra nuestros paisanos resultan simplemente despreciables, pero EUA como país tiene derecho buscar medidas correctas para su nación, no para la nuestra.
No sería necesario que los migrantes Mexicanos se arriesgaran buscando mejores situaciones de vida en otros países, sí aquel que debe brindar esas características dentro de su país cumpliera con sus roles. Es el mismo gobierno Mexicano, no desviemos la atención, el que debe atacar no el asunto la migración en sí, sino sus causas, es necesario que la federación en vez de buscar acuerdos con la frontera norte, busque cubrir las necesidades del pueblo mexicano que por obligación le corresponde solucionar, es necesario que se genere trabajo que permita laborar en condiciones dignas, ¿Por qué no buscar soluciones a los verdaderos problemas de inseguridad? ¿Por qué no reforzar el sistema educativo? ¿Por qué no destinar parte del presupuesto del país a crear todo aquello que cualquier Mexicano sabe que falta, en vez de seguir sustentando proyectos del sector económico pudiente?
Porque me atrevo a señalar que lo único que nuestro país no tiene para crear condiciones dignas para sus ciudadanos, lo único que existe del otro lado de ése muro que hace tiempo se acabó de nuestro lado, sería la fe y esperanza, fe para emprender en beneficio de nuestra nación y esperanza que nos permita creer que las cosas irán mejor, porque no existe una fe que nos pueda hacer creer nuevamente en nuestros gobernantes ni en nuestros funcionarios públicos, es una fe que cualquiera que viva el sueño americano carga en sus hombros día con día, podría considerarse una fe ciega y quizás autodestructiva, pero es como dice esa frase tan popular: es la fe la que mueve el mundo y puede hacer milagros; y mientras algunos milagros puedan ocurrir existirá más de alguno dispuesto a jugársela del otro lado de la línea sin pensársela dos veces.

17 julio 2010

DE COLORES, ESPECIAS Y VARIOS SABORES

Por: Roberto Enrique Barrón León

México es un país pluricultural y no necesitamos que nadie nos lo diga, por todos lados de nuestro territorio existen vestigios de grandes culturas que poblaron nuestra nación mucho antes de la invasión y el mestizaje.
Nayarit no es un caso distinto, en nuestra entidad se localizan cuatro grupos étnicos mayoritarios; Coras, Huicholes, Tepehuanos y Mexicaneros, los verdaderos dueños de la tierra en la que estamos, aquellos que se resistieron con todas sus fuerzas a la evangelización y que poco a poco fueron desplazados hacia las sierras por constante crecimiento de la población mestiza.
Y es curioso cómo aquellos que una vez fueron señores en estos dominios hoy son tratados con desdén por los “civilizados”. Frases despectivas son las que se usan para describirlos y encima de todo, el Estado los trata como si poseyeran alguna deficiencia con programas y escuelas especiales, eso es discriminación y evasión de deberes, o será que no comprendo el paternalismo del Estado que al ver a su hijo no deseado, le compensa con dinero y trato “especial” con tal de no unirle con el resto de su familia y enfrentar las complicaciones que hacerlo conlleva,
Es una evasión que ha generado que la mayoría de los integrantes de la sociedad posean mentalidades que hoy entorpecen la formación de valores que una verdadera sociedad debe tener, segregando no solo aquellos que no comparten los bajo conceptos morales que hoy nos rigen, sino también a aquellos que no comparten nuestro estatus social, poder adquisitivo o calidad de vida.
Considero entonces que estamos en un error. Acá los invasores somos nosotros que llegamos y nos adueñamos de lo que no nos pertenecía, los incultos somos nosotros que apenas podemos con el español, cuando ellos además hablan su dialecto y en ocasiones dominan otras lenguas, aquí los mezquinos somos nosotros que juzgamos por la vestimenta y no hemos aprendido a convivir como comunidad y vivimos en el egoísmo de la autorrealización, aquí los falsos somos nosotros escondidos entre aspectos materiales para dar sentido a la vida, cuando allá el contacto con lo espiritual es más constante. Acá los dignos de burlas somos nosotros, que lejos de poder mantener una moral de manera constante, estamos parados en principios éticos que diariamente se contradicen.
Lo peor es que hemos logrado llevar nuestra mezquindad hasta ellos al grado de que ya no pueden escapar más de nuestra viciada concepción de sociedad, y poco a poco nuestra cultura comienza a corroer los principios de sus civilizaciones, mientras nos atrevemos a señalar que nuestro sistema social es mejor que el suyo, que al uno por uno demuestra ser un sistema de valores menos hipócrita que el nuestro.
Entendamos pues, que los que necesitamos esa “ayuda” realmente somos nosotros, que no podemos comprender el verdadero significado de valores como tolerancia, decencia, honestidad, compresión ni respeto a las libertades de otros, eso incluso cuando nuestro sistema social se jacta mantener éstos valores como pilares de la sociedad, para que así seamos consientes del daño que ocasionamos cada vez que nos atrevemos a señalar como incorrecto su sistema de valores, cuando nosotros ni siquiera somos capaces de definir los preceptos morales de la sociedad actual.

14 julio 2010

ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA

DAMOS LA BIENVENIDA AL JOVEN ROBERTO ENRIQUE BARRÓN LEÓN, ORIGINARIO DE ACAPONETA, NAYARIT, EL CUAL, GRACIAS A SU BRILLANTE HISTORIAL ACADÉMICO Y DESTACADO DESEMPEÑO ESCOLAR TUVO LA OPORTUNIDAD DE SER BECADO Y ACTUALMENTE RESIDO EN EL MUNICIPIO DE ZAPOPAN, JALISCO CURSANDO LA CARRERA DE INGENIERÍA EN TECNOLOGÍAS ELECTRÓNICAS EN EL TECNOLÓGICO DE MONTERREY EN EL CAMPUS GUADALAJARA. CURSA ACTUALMENTE EL OCTAVO SEMESTRE Y BAJO EL PERFIL DE COMPROMISO SOCIAL QUE SU ESCUELA LE EXIGE, SE ENCUENTRA EN LA NECESIDAD DE PARTICIPAR EN ALGÚN MEDIO QUE PROMUEVA EL PROGRESO SOCIAL Y POR ESO CON GUSTO LE OFRECEMOS ESTE ESPACIO A SUS INTERESANTES ESCRITOS. SIRVA ESTO PARA RECORDAR A NUESTROS CAROS LECTORES QUE PUERTA NORTE SIGUE SIENDO UN MEDIO DE EXPRESIÓN AL ALCANCE DE TODOS E INVITAMOS A LOS INTERESADOS A PARTICIPAR CON SUS PROPUESTAS, ARTÍCULOS Y COMENTARIOS.


Por: Roberto Enrique Barrón León

Hacernos responsables de nuestros actos no siempre es sencillo, sobre todo si cometemos errores o nuestras acciones afectaron a un tercero. Y sin duda, un área donde es imposible omitir la responsabilidad de nuestros actos, es en los medios de comunicación, pues una vez emitido algún juicio no hay paso atrás, pues toda idea queda grabada o impresa y pasa a convertirse en prueba de lo que hicimos. Una vez arrojada la piedra ni como esconder la mano, todos vieron desde dónde fue lazada y por quién fue lanzada, y en el remoto caso de que algo pase desapercibido, basta en cualquier momento un poco de la ayuda tecnológica de hoy en día para esclarecer cualquier duda.
Por ello los comunicadores deberían ser mucho más conscientes de la forma en que se expresan, y sobre todo, acerca de los contenidos que abordan y cómo es que los abordan. No es posible que abanderando en nombre la libertad de expresión se ensalce en exceso a algunos o se cometan agravios, injurias y venganzas contra otros, como en fechas recientes.
En nuestra sociedad, la posición de los comunicadores cada vez es más parecida a la de un gurú que marca las directrices de la vida de toda la audiencia que expectante espera el mensaje del día. O del Padre que reconforta, alarma o instruye en sus hijos la necesidad de reaccionar frente a una injusticia.
Es necesario pues, que los comunicadores comprendan la posición en la que se encuentran y la importancia de la trinchera desde donde lanzan sus mensajes cual granadas, pero sobre todo asuman la responsabilidad cuando esas armas estallan en sus manos y la crisis sobrevenga, más ahora que los medios de comunicación han marcado claramente su fuerza como cuarto poder de nuestra nación.