

Radio Bemba, como llaman en Cuba al rumor y al mitote, corre con igual gracia y poca elegancia por las calles de nuestros municipios y algún psicólogo nos dirá que el miedo es una reacción emocional radical ante lo que la mente considera, en una circunstancia determinada, como un peligro para su integridad. La situación puede ser real o imaginaria, en virtud de que tanto lo real, como lo imaginario, producen el mismo efecto mental. Dicho en cristiano: nos estamos volviendo paranoicos y el temor es una constante en nuestro seno familiar. Aquellos tiempos en Acaponeta, cuando la gente dormía en las calles con las puertas y ventanas abiertas, han quedado en el pasado. Aquella imagen de la Ciudad de las Gardenias, donde uno podía salir de una fiesta o un baile, ya muy entrada la madrugada y caminar tranquilamente con la pareja hacia la casa o al menudo al mercado, no se hace ya, o si acaso no hay otra opción, es con recelo y temor, volteando a ver quién nos sigue.
Ninguna ama de casa, sale a plena luz del día al mercado a hacer las compras del día y deja la puerta abierta o al cuidado de los vecinos, como antes sucedía y nada pasaba. Hoy vivimos otros climas sociales donde privan el desempleo, la absoluta falta de valores, la ausencia casi total de oportunidades, la pobreza y el rencor de algunos que no pueden ver triunfar a los demás, la más abyecta impunidad y una corrupción rampante de parte de los servidores públicos y de las corporaciones policiacas. Por eso el temor y la incredulidad de la gente ante acciones de gobierno como esta de suspender las clases por unas simples lluvias.
Toca ahora a nuestras autoridades gubernamentales, a los políticos de siempre, a los de nuevo cuño, a cualquiera que tenga un poco de poder e incluso a los que ya están enfrascados en campañas personales para mostrar que son dignos de alcanzar, con el favor del voto de la ciudadanía, puestos de elección popular; toca a todos ellos, llevar a cabo una tarea casi imposible: conseguir que la gente común y corriente, en ciudades y comunidades rurales, en el taller o la oficina, en las aulas de clase, en la plaza pública, en los pasillos de las oficinas de gobierno, recupere un poco y se puede un mucho, la confianza hoy perdida y casi casi enterrada.
Por ello, ante tantos acontecimientos desastrosos, chismes, verdades a medias y mitotes, tenemos miedo y, lo peor, no sabemos si es un miedo a situaciones reales o a sucesos imaginarios, de cualquier manera, qué triste es cuando los pueblos no le creen a sus gobernantes. (PEPE MORALES)
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