Nuestro comentario va en el sentido que, sí, efectivamente la anterior administración debió haber solicitado autorización, pero al parecer los encargados de Coplademun se durmieron, como sucedió en la plaza municipal con el caso de la autorización del INAH. Estamos de acuerdo, pero la memoria histórica nos dice que aunque el tren es símbolo universal del progreso, su construcción, el tendido de vías férreas, la adquisición de terrenos para dar paso a la "punta de fierro", cometieron muchas injusticias con los propietarios de terrenos. De hecho ahí, a escasos 20 metros de la malla de la ignominia, está el pié del Cerro de la Glorieta, el cual materialmente fue partido en dos para dar paso a las líneas del tendido de metal del ferrocarril y muchas familias se vieron en la necesidad de ser reubicadas, incluso un templo que utilizaba la grey católica acaponetense fue derruido, según relata el historiador Néstor Chávez.
En la historia del ferrocarril a nivel nacional, los derechos de vía fueron causa de algunos problemas entre las empresas ferrocarrileras y los campesinos; algunos autores afirman que los trenes llegaron a modificar el reparto agrario en el país, pero la prioridad del gobierno en tiempos de Porfirio Díaz, en construir un ferrocarril era mayor a la de proteger la tierra de los campesinos, lo cual condujo a la expropiación de grandes extensiones de terreno, despojando de su patrimonio a miles de campesinos mexicanos, cuyo único pecado fue tener terrenos ahí por la línea de tendido. Los campesinos indígenas fueron los más perjudicados y no faltaron los asesinatos o despojos violentos, que dejaron luto en decenas de familias. Incluso, como había mucho capital gringo y de otras naciones en el proyecto del ferrocarril, se registró una descarada discriminación de los profesionistas mexicanos, principalmente ingenieros los cuales eran importados de la Unión Americana. Por otro lado el ambiente de trabajo era insalubre y dificultaba de sobremanera las labores. Había una especie de repudio a las “prácticas esclavizantes” del capitalismo, a pesar de que la paga era buena, o por lo menos superior a la que recibían dedicándose a sus actividades rurales. Lo más probable es que ese repudio se deba a la súbita introducción del ferrocarril en el sistema, algo nuevo, grande y diferente que les hacía perder sus tierras. Las jornadas eran agotadoras y a lo largo de la vía quedaron miles de muertos
por diversas causas.
Por supuesto estamos de acuerdo que la ley no se puede violar ni siquiera "un poquito", debió cumplirse con las normas y protocolos, pero es una exageración cerrar el paso a la ciudadanía que ahora para acceder al malecón tiene que hacer suertes malabares y de funambulismo en el murete que separa el malecón de la orilla del río. Más comprensión pediríamos a los ferrocarrileros y que las decisiones no se tomen detrás de un gris escritorio sino en el sitio mismo del problema.
No hay comentarios:
Publicar un comentario