11 julio 2009

ALÍ CHUMACERO VISTO POR HÉCTOR GAMBOA


EL SIGUIENTE ES EL EMOTIVO MENSAJE QUE EXPRESÓ EL ESCRITOR HÉCTOR GAMBOA QUINTERO EN EL HOMENAJE POR SUS 91 AÑOS DE VIDA.

ALÍ CHUMACERO

Por: Héctor Gamboa

Alí Chumacero es un hombre cazador de instantes, atento a la vida que late en la fugacidad del tiempo. En la poesía sus dardos han sido certeros, flechas de sentido a cuya acción nos ha devuelto un hombre maduro, profundo y resuelto a tocar con audacia las puertas mismas del misterio.
Los dardos de este cazador poeta se manifiestan también en una irónica alegría, como la del sabio que a su regreso de los inframundos encuentra que más allá de la existencia, lo único real es esta sed de vivir que flota muchas veces en la ebria burbuja de la melancolía y del amor.
Me gusta recordar el retrato de Sandra Licona: "Alí es un hombre de chispa, dueño de una picaresca personal, un ser que ha atravesado todas las madrugadas y se ha bebido todo el whisky del mundo, autor de una obra compacta a prueba del tiempo, decano de le edición en México, amigo de los jóvenes y un ser que a sus 88 años no está lleno de telarañas".

En efecto a sus 91 años de edad, Alí pinta algunas canas; no ha cambiado nada salvo su nombre: sus padres lo bautizaron con el estrambótico de Antonio Eustolio Mohamed Alí, pero ahora se llama simplemente Alí, como si su inveterada costumbre de tipógrafo y corrector de estilo lo aplicara a sí mismo para aligerar un poco el peso de su inmensa figura de literato.

Alí de nombre universal es un hombre de orgullos locales, no se ha alterado su amor a su tierra natal Acaponeta, anque ahora ya no están sus padres, algunos de msus hermanos y amigos queridos. Así como su poesía atiende siempre la fuenten primaria de sentido, Alí está siempre en comunicación con su origen. Acaponeta es su amor primigenio, el que existe antes de que el tiempo fuera mar volcado y cuando la blancura de sus ángeles y el color de las hormigas no eran.

Lo ideal es que esta semblanza la vierta alguien como lo recomendaba el presuntuoso Giovanni Papini. El italiano que afirmó que para escribir una biografía de Miguel Ángel, era necesario haber nacido en Florencia, ser un genio y artista. Papini no se sonrojó al afirmar que él era el único que reunía estos tres atributos.
Si aplicáramos esta receta al caso de Alí, para merecer presentarlo hay que ser originario de Acaponeta; y lo soy, solo que me falta escribir un libro como los de él para reunir las otras dos condiciones. Por el momento me salva que he sido cercano a su familia. Conocí a Don Mohamed Alí Chumacero, su padre, un hombre estimado como el sabio del pueblo, lector constante. En aquellos tiempos cuando la gente era decente, aparte de la ferretería de su propiedad, era depositario en su casona, de concentrados de oro, plata y cobre de la compañía minera Golden Girl, cuyo promedio era de 25% de metal puro. Jamás se supo en aquel pueblo pequeño, donde todo se sabía, de alguna mala intención o hecho deshonesto de aquel hombre ejemplar, símbolo de la honestidad a toda prueba.
Doña María, su madre, en la madurez volvióse ciega, y de sus hermanos Juan, Licurgo, Alfonso Eustolio Alfonso, Guillermo y María Luisa, sobre sobrevive Alfonso, que vive en Acaponeta a donde el escritor regresa cuando puede. Ahí lo reciben jóvenes para recabar su autógrafo e invariablemente visita a sus sepultados en el cementario municipal o los recuerda y brinda porm ellos en el calor de las cantinas tropicales con techos tejidos de palmas o cubiertas de tejas. Lo reciben con las copas incitantes y de seguro lo asalta el reconcomio de sus amores de juventud; también es obligada la visita a la Casa de la Cultura que lleva su nombre.

Para terminar leeré lo que el propio Alí escribió en su reciente libro que tituló con buen tino "Pastor de la Palabra":
"El poeta es un hechicero, un chamán, un brujo; agarra las fuerzas de la naturaleza y las maneja, no intercede ante nadie. Por si mismo habla a Dios; cuando se refiere a un caballo, mete al caballo ahí, corriendo o tranquilo; si habla de un perro, tiene la verdad en el sentido que la proyecta hacia acá y la maneja, la sacude: él hace llover, él hace que se seque el mundo, hace que las galaxias paren: el poeta hace todo eso, es un brujo: --que se pare el sol, que desaparezca el sol-- es mago. El sacerdote en cambio, pide a Dios que desaparezca el mundo, que se apague el sol, pero él no lo hace, no es brujo, esa es la diferencia. Por eso la poesía no es una religión, es una brujería".

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