04 abril 2009

¡ÉCHESE COMO UN PERRO, MI FILARMÓNICO!


Por: José Ricardo Morales y Sánchez Hidalgo
Leyendo un texto de sociología me entero que a principios de los años 90, un famoso cantante de rock, confieso que desconocido para mi, de nombre Kurt Cobain, de 27 años de edad y líder del grupo Nirvana, se suicidó pegándose un tiro en la chirimoya. El tipo, según dice el texto, influía en muchísima gente, principalmente en los jóvenes a través de su controvertida música, al parecer llena de propuestas que incitaban a las drogas y al desorden. Al conocerse la muerte de este ídolo de barro de la adolescencia, se desató una ola de suicidios, al menos en Estados Unidos, de donde era originario. Esto nos indica que una sociedad enferma, en la a los pobladores les cuesta integrarse, se pueden dar casos tan graves como la de jóvenes quitándose la vida solo porque sus admirados héroes de cartón tuvieron la ocurrencia de volarse la tapa de los sesos. En este sentido, dice el texto de referencia, el suicidio ha dejado de ser un acto personal, privado e íntimo para convertirse en un severo suceso de autodestrucción social.
Coincidentemente, al estar meditando sobre esto me entero por boca de uno de mis hijos, que un tal Lupillo Rivera, al parecer otro héroe de la juventud, acostumbra “cantar” con un bote de cerveza en la mano, seguramente presumiendo por ese hecho su categoría de juglar y su educación excelsa. No nos extrañe entonces si un joven, el suyo amble lector o los míos, pasan en auto a gran velocidad por nuestras calles, hasta el tronco de borrachos, aventando botes a la avenida y escuchando la dizque música de este señor Lupillo, el trovador borrachín, al cual tengo la buena suerte de no conocer.
Es común escuchar que alguien muy pomposamente afirma que la música es universal; sin duda lo es. Lo malo es que ésta condición se ha torcido de tal manera que la universalidad de la música se ha convertido en el principal vehículo con el que la juventud se expresa y se evade de la realidad y la verdad es que da miedo oír las propuestas de los mismos chavalos escuchan en la TV, la radio, el internet o la “disco”, de esas que dejarían boquiabiertos
a los ángeles que sacaron a Lot de Sodoma y Gomorra y esas cosas que escuchamos son tan comunes que nadie se sorprende y menos dice nada. No hace mucho conté para el periódico para el que escribía que por las calles de la bendita ciudad de Acaponeta, pasó una camioneta vendiendo sandías y llevaba –a todo volumen por supuesto—como fondo musical que acompañaba los gritos de: ¡sandías, sandías!, esa inolvidable pieza (porque hay que reconocer que nunca la olvidaremos aunque queramos) intitulada, sin ningún rubor: “La Cabrona”, así de gracioso, así de grotesco.
Es motivo de alegría y hasta aplaudimos cuando niños de cuatro o cinco años cantan y bailan agarrados de un tubo, al son de las pegajosas notas musicales que dicen: “¡tubo, tubo, eah, eah, tubo, tubo, chica sexy, mamaaaá! Esto último de mamá arrastrando las palabras como si se tratara de un delicioso orgasmo. Sensacional.
Las rocolas de los centros botaneros, restaurantes y otros negocios “familiares”, todos ellos, son un estupendo compendio de la música que hoy tenemos que sufrir bajo el pretexto de una supuesta libertad de expresión, no importando que con ello a nuestros hijos se los lleve pata de cabra y aprendan en un momento o con tan solo escuchar una sola rola de esas, lo que a nosotros padres de familia, nos lleva a veces años de instrucción y consejos saberlo.
Un estimado amigo y amable lector de mis escritos, me hizo notar en una ocasión que vio un anuncio que publicitaba cerveza, algo que nos indica que estamos perdiendo al guerra, en una competencia totalmente desigual entre lo comercial y la educación casera, el cartelón publicitario, continúo, anunciaba una ballena (en la costa del Pacífico, una cerveza tipo caguama) ¡familiar! Así como los jarritos y el pato Pascual familiar. Es el colmo, pero también es comprensible si lo que se oye por radio, las rocolas, la TV y la imparable venta de discos piratas, todos son puras canciones que hablan de droga, sexo, vicios, ocios y libertinaje. Hasta homenajes le hacen al mafufo de Alex Lora que en sus canciones habla de masturbaciones con la misma naturalidad con que Agustín Lara le cantaba al hastío que era pavo real que se aburría de luz en la tarde. Recientemente se cargaron a balazos, como si de una ajuste de cuentas entre bandas de narcos se tratara, al tal Valentín “El Gallo” Elizalde, al cual hoy quieren canonizar, como si hubiera sido la gran cosa en la vida cultural, musical y social del país. A fuer de ser sinceros y no dejándonos tragar por los excesos del comercialismo, diremos, con riesgo de molestar a alguno, que con la muerte de este señor, el arte no perdió nada, y solo habremos de lamentar el menoscabo de melodías mal cantadas, de mala calidad y pésimo buen gusto. Así está el mundo. Antes de manera romántica, los músico-poetas para describir como una dama tomaba asiento decía con melodía de buen gusto: "Blanco diván de tul aguardará tu divino abandono de mujer"; hoy es simplemente: "De reversa mami, de reversa mami..."
Los padres de familia hemos permitido que estas cosas sucedan e involuntariamente aterrizamos en esta dispareja época donde los valores familiares, las que nos dieron los abuelos hoy tan menospreciados también, se cambian en las esquinas por carrujos de mota y grapas de coca. Ahora las cátedras que más gustan a los chiquillos y a las chiquillas son las que imparten sesudos sabios titulados en las más prestigiosas televisoras del país, Televisa y TV Azteca, gigantescos consorcios generados de inmunda basura: Ética y Valores, con el maestro Facundo; Lógica y Filosofía con el intelectual Adal Ramones; Orientación vocacional con el profesor Lupillo Rivera, “Moral y Buenas Costumbres”, con la mamá de Lucerito y otras cosas peores como la que vi hace un tiempo en esa porquería de canal a que son tan afectos los estudiantes de hoy, MTV, donde aparece un horrible monigote de mal gusto expresando sin ningún empacho: “Los científicos son unos pendejos, si tú crees esto, estás salvado, si no, mastúrbate con tu libro de química”. Increíble, que la autoridad permita estas barrabasadas con el pretexto de la libertad de expresión. Así de mal estamos y así de mal nos va a ir y todo a ritmo de “La Cabrona”. Y pensar que algunos se enojaban hace años –no tantos—cuando a los desvelados filarmónicos les gritaban: ¡Échese como un perro, mi buen!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si estoy de acuerdo con su nota, y tiene razon en todo... pero que podemos esperar de nuestros jovenes , de su padres y de la sociedad en su conjunto si al fin de cuentas nos cuesta trabajo pensar... Somos como animales y no nos importa el projimo y lo que vendra esto no es nada, asi que a publicar de todo para que se abra un poco la competa... saludos