07 noviembre 2009

BREVES PERO SUSTANCIOSAS

Cuando una persona me lo dice, lo tomo con reservas, ni siquiera pregunto, cuando dos me hablan del mismo tema, entonces sé que por ahí hay algo, pero cuando como cascada la gente me busca y me comentan exactamente el mismo mal, caigo en cuenta de que hay que investigar con los que saben y están en el centro mismo del problema. Alguien me platicó que el Estadio de Beisbol Municipal se había convertido en la más grande cantina de Acaponeta. Supuse que era normal que los aficionados asistieran al inmueble deportivo a descargar las tensiones familiares y de trabajo que se acumulan en el día, la semana o el mes. Es muy sano, ir a aligerar esa presión gritando vivas o en su caso abucheando en el Estadio, dentro del respeto mínimo que se debe tener a los demás. Ya lo dice muy clarito la máxima tan sabia: mi derecho termina, donde comienza el del otro. No concibo un partido de pelota sin una sabrosa y refrescante cerveza en la diestra y el banderín de mi equipo preferido en la siniestra. Así que creí que exageraban los que me advertían sobre la trasformación del estadio de un parque de pelota a un lupanar lleno de borrachos y daifas de la zona de tolerancia ubicada ahí a un costado.
Sin embargo alertado por las voces que clamaban porque aquello se componga y la autoridad meta orden, me fui a preguntarle a los que saben, a los verdaderos aficionados al Rey de los Deportes, esos que año tras año, apoyan y sostienen a las novenas en turno, con su participación en la taquilla, con las porras al equipo a pesar de las derrotas o las pésimas temporadas que por acá se han dado en los últimos años. Esos que tienen una opinión parcial y que no pretenden más interés que mantener un espacio recreativo y familiar, sobre todo esto último, que se ha venido perdiendo desgraciadamente.
Ellos, los verdaderos aficionados, efectivamente me cuentan que aquello es un antro, que tiene como diversión secundaria, un partido de beisbol, que algunos no siquiera atienden las incidencias del juego, por estar más preocupados en empinar el codo o conquistar a las hetairas que últimamente llegan de los bares vecinos, por no decirles bules, como realmente los ha bautizado la ciudadanía. Y es que, me relatan con tristeza, los asiduos aficionados, la cerveza se ha abaratado en gran manera, pues la botella de media, la venden durante el partido y hasta la séptima entrada a 10 pesos, cuando en la cantina cuesta mucho más, y de ahí en adelante, hasta el término del encuentro, baja escandalosamente de precio y la malbaratan a 2 frescas por 15 pesos. Estoy seguro que hacen bien los dirigentes del equipo, pues sabemos que como apoyo y a manera de publicidad, hay un arreglo entre la liga y la cervecería en turno, los cuales literalmente regalan mil cartones de ambarinas para la venta local, con lo cual las novenas y sus administraciones se hacen de algún dinero. Funciona así: antes del partido, la cervecería entrega 40 cartones para que se vendan durante el encuentro y, para incentivar la venta y abrir las gargantas de los asistentes, la ofertan a 10 pesitos y a partir de la séptima y cabalística entrada, baja aún más y como ya dijimos, se entrega al público por la mágica cifra de 2 cervezas por 15 pesos y es que, si sobran cartones, la empresa cervecera se los lleva. Una verdadera navidad se da los días de partido para algunos, que se ponen literalmente tapados de alcohol.
Esto ha propiciado que lleguen al estadio seudo aficionados, que están más preocupados en vaciar las cubetas de cheve, que en el resultado del partido en la pizarra. Personas que nunca se habían visto en el Estadio y que regularmente llenan los abrevaderos de la sonaja, como le llaman coloquialmente a la zona de tolerancia y a sus “guapas edecanes”, ahora invaden la tribuna, con no más objetivo que beber como cosacos a bajo precio y gritar barbaridad y media, echando abajo la buenas intenciones de Saulo Lora, de llevar entretenimiento a la familia. Pronto se retirará la verdadera afición del parque de pelota y más porque los peloteros del equipo “Cachorros de Acaponeta”, han resultado una decepción, pues sus derrotas, que suman ya 14, contra 4 efímeras victorias, no se pierden en buena lid, sino que se libran en la cabeza de los beisbolistas, con su negativa actitud, quienes simple y llanamente no quieren estar aquí, donde los reflectores del mundo beisbolero, no brillan como en la Liga Mexicana. Es una tristeza que esta tradición se pierda también. (PEPE MORALES)

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